jueves, 15 de abril de 2010

Dermatitis Atópica
Dra. María Luján Schierenbeck
La Dermatitis Atópica (DA) es una dermatosis inflamatoria, genéticamente determinada, de alta prevalencia, de comienzo habitualmente en la infancia, caracterizada por prurito intenso, curso crónico y recidivante con lesiones que frecuentemente presentan una morfología y distribución características.


Epidemiología
Según diferentes casuísticas se calcula que afecta entre el 10 y 15 % de la población general en todas las razas y compromete a ambos sexos en forma similar aunque hay variaciones dependientes del grupo examinado, país, clima, etc.
La mayor prevalencia se observa en el invierno con tendencia a disminuír en la primavera y el verano.
La asociación con asma y rinitis alérgica se encuentra entre el 20 y el 60% de los pacientes. La mayoría de los afectados presentan las formas leves o moderadas y en el 85% de los casos las lesiones se manifiestan antes de los 5 años.
Entre el 40 y el 65% de los pacientes presentan antecedentes personales de atopía (dermatitis, asma o rinitis).
La duración de la enfermedad es muy variable con una primera reducción en el número de pacientes afectados alrededor de los 4 años y una segunda en la adolescencia.
La prevalencia de la DA ha ido en aumento en los últimos 30 años por diferentes factores genéticos, ambientales e inmunológicos.

Etiopatogenia
La DA es una enfermedad multifactorial con factores etiopatogénicos múltiples que interactúan entre sí, como la susceptibilidad genética, los trastornos inmunológicos, los desencadenantes endógenos (situaciones de tensión emocional) y exógenos (medio ambiente).

Diagnóstico
El diagnóstico de DA se realiza mediante criterios clínicos ya que se carece de estudios de laboratorio específicos. Debe ser sospechado en pacientes con una dermatitis crónica y recidivante, pruriginosa y con localizaciones características de acuerdo a la edad.

Prurito
El prurito en la DA es un criterio mayor y siempre está presente, en diferente grado, en todos los pacientes. Suele ser más intenso durante el sueño aunque no tiene efectos en el área cognitiva ni en el comportamiento secundario.

Clínica
La DA presenta:
a. Lesiones primarias: eritema, pápulas, vesículas.
b. Lesiones secundarias: erosiones, liquenificación.
La xerosis está presente en todos los casos.
La liquenificación es el engrosamiento y aumento del reticulado de la piel, generalmente asociado a hipo o hiperpigmentación.
El eccema atópico es la manifestación más frecuente de la dermatitis DA, especialmente en la etapa aguda.

Las lesiones de DA se clasifican en:
a. agudas: pápulas y pápulo-vesículas eritematosas, pruriginosas con exudación serosa.
b. subagudas: pápulas y/o placas con discreto eritema y leve engrosamiento.
c. crónicas: pápulas excoriadas o liquenificadas, con hipo o hiperpigmentación.

Morfología y distribución
a. Fase del lactante (2 meses a 2 años de edad)
El eccema es la lesión predominante y afecta especialmente la cara (respetando el triángulo seborreico nasolabial) y la superficie extensora de los miembros. Se inicia como eritema que evoluciona a microvesículas, exudación, costras y descamación. Generalmente se acompaña de prurito variable que provoca irritabilidad e insomnio. Las sobre infecciones agregadas son frecuentes.

b. Fase infantil (2 a 12 años)
Puede ser la continuación de la anterior o una etapa de comienzo. Las lesiones se ubican en los grandes pliegues (el cuello, los codos y las rodillas) y suelen ser subagudas y crónicas, habitualmente con liquenificación de grado variable. El prurito es habitual.

c. Fase del adolescente (12 a 20 años)
La DA puede iniciarse en ésta etapa o continuar un curso anterior. Las lesiones son eccemas subagudos o crónicos, pruriginosos, con gran tendencia a liquenificarse. Las localizaciones más frecuentes son la cara, especialmente los párpados y la región perioral, los pliegues de flexión de las extremidades y las manos.

Otras manifestaciones
La eritrodermia atópica es la forma más grave pero de baja frecuencia y puede instalarse en cualquier etapa. En los menores de 1 año puede ser signo de inmunodeficiencia congénita. También puede desarrollar queilitis, dermatitis perioral, dermatitis vulvar crónica, dermatitis palmoplantar, dishidrosis, eccemátides acromiantes, eccemátides foliculares, palidez cutánea, oscurecimiento periorbitario, hiperlinearidad palmoplantar y queratosis pilar.
Complicaciones

a. Infecciones bacterianas: son muy frecuentes, especialmente en la etapa aguda y se presentan como exudación melicérica o secreción purulenta sobre las zonas de eccema. El germen predominante es Staphylococcus aereus.

b. Infecciones virales: se observa una susceptibilidad aumentada a las infecciones cutáneas virales tales como el molusco contagioso , los papilomas y las verrugas, herpes simple y varicela zoster.

Tratamiento
Por tratarse de una enfermedad crónica y recidivante, los objetivos del tratamiento serán:
• Aliviar los signos y síntomas.
• Prevenir y reducir las recurrencias.
• Prevenir las exacerbaciones a largo plazo.
Estrategias

a. Cuidado de la piel
• Baño diario con agua tibia, corto, sin frotado y utilizando jabones cremosos o el agregado de mucílago de avena al agua del baño.
• Colocación de humectantes y emolientes inmediatamente después del baño lo que se repetirá varias veces al día. Las cremas deben tener en su composición ceramidas, ácidos grasos esenciales y/o extractos de avena.

b. Identificación y eliminación de los desencadenantes
• Utilizar ropa de algodón que no ajuste.
• Evitar los cambios bruscos de temperatura, el abrigo excesivo y la sudoración intensa.
• Evitar la ropa de lana o nylon y el uso de detergentes, blanqueadores y suavizantes en su lavado.
• No se aconsejan dietas restrictivas.

c. Educación
Dada la gran influencia de las situaciones de tensión emocional para desencadenar los brotes y el gran impacto que estos producen en el estado anímico del niño y su familia, es fundamental educarlos en el conocimiento de la verdadera naturaleza de la enfermedad, su evolución y cuáles deben ser las medidas a tomar para que los padres se sientan seguros y eficaces en la aplicación de las medidas terapéuticas indicadas.
d. Tratamiento específico de las exacerbaciones
El tratamiento ideal para la DA es un medicamento tópico altamente efectivo, cosméticamente aceptable y que tenga efectos colaterales mínimos.

Tratamiento tópico
1. Corticoides: Tienen efecto vasoconstrictor, antiinflamatorio y antiproliferativo. Su efecto es esencial en el tratamiento de la DA. Se sugiere el uso de los de baja potencia (hidrocortisona, desonide) para las lesiones poco inflamatorias, reservando los de mediana potencia (mometasona, betametasona) para las exacerbaciones más graves. No se recomienda en la infancia el uso de corticoides tópicos de alta potencia (clobetasol).
Al prescribir un corticoide tópico se deben dar instrucciones precisas sobre su frecuencia de aplicación y duración del tratamiento, buscando siempre el de menor potencia que pueda mantener al paciente libre de lesiones.
Los efectos adversos locales más comunes son la aparición de telangiectasias, atrofia, hipertricosis y trastornos de la pigmentación. El uso prolongado de corticoides de mediana y alta potencia en grandes superficies pueden producir modificaciones en los niveles del cortisol plasmático.

2. Antisépticos: En las lesiones exudativas se pueden utilizar fomentos con diluciones de agua blanca del Codex, agua D`Alibour o permanganato de potasio por su efecto secante y antibacteriano.

3. Antibióticos: La mupirocina y el ácido fusídico tienen efecto sobre las infecciones agregadas y la excesiva colonización de la piel del atópico. Su asociación con corticoides en las lesiones muy agudas optimiza el tratamiento.

Tratamiento sistémico
1. Antihistamínicos: Su efecto en la reducción del prurito en la DA es controversial, dado que no hay estudios que demuestren su eficacia. Los antihistamínicos orales de primera generación se recomiendan por su efecto sedativo: hidroxicina, difenhidramina.
2. Antibióticos: Están indicados en caso de sobreinfección de las lesiones de eccema y para controlar los brotes agudos muy extensos. Son de elección las cefalosporinas de primera generación, los macrólidos y la amoxicilina-clavulánico.

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